Entrevista a Luis J. Pérez, autor de ‘Ideando libertad’ Entrevistas

Buenos días, Luis. Después de La mínima verdad y Sin alternativa, retomas la ciencia ficción con Ideando libertad. La novela presenta un universo rico y complejo en el que la humanidad se ha visto terriblemente perjudicada a causa de la tecnología. Háblanos un poco más de su contexto y de los temas que expone.

Buenos días. Exacto, Ideando libertad es una aventura llena de acción y transcurre tras una terrible catarsis colectiva. Nos presenta una sociedad transformada en la que los personajes principales, cada uno a su excéntrica manera, corren el riesgo de ser auténticos para ser libres… Y ahí es donde están la seguridad y la tecnología, que tan fácilmente pueden llegar a etiquetarnos y reducirnos a meros buscadores de placer.

Llevándolo a la actualidad, cuando veo a una familia cenando o en una terraza y todos están con el teléfono móvil en la mano, me pregunto si nos estamos idiotizando. Incluso en el vagón del metro, donde nadie levanta cabeza, imagino todas las miradas que se pierden para siempre.

Ahora, con la inteligencia artificial, el big data, la privacidad, las redes sociales, etc., estamos en los albores de esas elecciones que nos pueden llevar a un punto u a otro. Ideando libertad es una mirada crítica a la actualidad.

 

Ideando libertad compone una telaraña en la que, de no ser bien construida, uno podría enredarse con facilidad. ¿Qué parte del libro has disfrutado más escribiendo y por qué? ¿Cuál menos?

Me encantan las salidas a escena del presentador global Keylor Mayo, cómo rememora a su abuelo Enrico, el inescrutable Fred, la historia del doctor Claus, y, por supuesto, la presidenta Roona Hill en todas sus apariciones. Es muy difícil elegir, pues son personajes con carácter.

He disfrutado de toda la narración y me ha sorprendido mucho el final. Al narrarlo, he sentido que todo encajaba y cobraba un sentido mágico. Cuando escribes una novela, primero, te documentas mucho; después, montas una parte de la historia; y, al escribirla, vives en la piel de los personajes para narrar, eres ellos.

Me ha costado hacer consistente el world building, entender y ser veraz con los aspectos de la estación espacial Helios. ¡Hasta he preguntado a colegas físicos! Y bueno, hay muchos detalles.

 

¿Qué diferencia esta novela de otras del género con temática similar? ¿Por qué el público debería leerla?

Van a pasar un rato estupendo, entretenido y, además, queda poso para la reflexión. La novela te pone en retrospectiva para ver la dirección del presente y eso es lo que más me gusta de la ciencia ficción. No estamos hablando de naves alienígenas ni ese tipo de extravagancias fantasiosas… En Ideando libertad, todo es temiblemente factible.

Hace dos semanas, leí una crítica en un foro que la comparaba con 1984 y Un mundo feliz… ¡Imagínate! Ideando libertad es muy cercana y recoge las inquietudes generacionales actuales; en ese sentido, parte con la ventaja de los años. Obviamente, la historia es diferente y está llena de acción. Creo que es idónea tanto para empedernidos de la ciencia ficción como de otros géneros.

 

Ideando libertad nos lleva a reflexionar sobre las posibles consecuencias de la hiperconectividad y de la dependencia tecnológica. ¿Crees que, en la actualidad, es realmente factible dar un paso atrás y estar menos conectados?

Es inviable. Somos dependientes, al menos, todos los nacidos del 70 en adelante. ¿Alguna vez te has instalado una de esas aplicaciones para ver cuántas veces consultas el móvil? Es deprimente.

Si no estás conectado, no te enteras de lo que pasa en el colegio de los niños, en el trabajo, con la familia… Creo que, por ahora, todo pasa por limitar su uso durante el día y no convertir el móvil en la solución para todo.

Eso sí, para 2018, me he fijado como objetivo meter el teléfono en un cajón desde el sábado al lunes, aunque mantendré el acceso a la computadora y a las series (al menos, para ver Star Trek: La nueva generación con mi hija de 6 años, que le encanta y, claro, a mí también).

 

En la novela, los pensamientos son controlados con una droga llamada Propilium, de forma que las personas ya no son libres en absoluto y van perdiendo su identidad como humanos. ¿Piensas que sociedad actual está en cierto grado deshumanizada?

No creo que esté cada vez más deshumanizada porque la crudeza de las catástrofes y del hambre es más visible que nunca. Lo que nos hace falta es ser capaces de sentir lo que el otro siente; así nos humanizaríamos mucho más.

Pienso que lo que perdemos a pasos agigantados es la libertad. El uso generalizado de una droga como el Propilium –que podría ser similar, aunque en un grado menor al uso del alcohol en la actualidad– y la excusa de la seguridad para invadir los derechos de las personas son los principales factores.

Además, está ese bombardeo publicitario, visual, casi vírico, presente en todos los sitios que se incorpora a nuestra mente casi inconscientemente. Lo llaman impactos y no somos inmunes. Lo comprobé cuando le puse a una de las aeronaves que salen en Ideando libertad el nombre de un modelo de coche. Al darme cuenta, lo cambié y, desde entonces, apago la radio cuando ponen los anuncios en las noticias de la mañana.

 

¿Crees que, de seguir el camino de una zombificación tecnológica, se anularían totalmente las relaciones interpersonales? ¿Hasta qué punto la tecnología influye en nosotros?

Si en el futuro podemos obtener placer emocional y sexual a través de aplicaciones que nos hagan sentir lo mismo que la experiencia física, ¿quién querrá buscarlo en otras personas y asumir el riesgo? Tan solo unos pocos románticos que se atrevan a ser libres.

A nivel especie, es posible que haya otra opción, que, si perfeccionamos la comunicación incluyendo emociones y sentimientos, podamos compartir más y entender mejor a los demás; entonces la humanidad sería una. ¿Estaremos cerca de los que están lejos, pero muy lejos de los que están cerca?

 

Antes hacíamos referencia a tus anteriores novelas, La mínima verdad y Sin alternativa, dos historias distópicas donde, al igual que en Ideando libertad, la humanidad se ve al borde del precipicio. ¿Qué es lo que más te gusta de la ciencia ficción?

Principalmente, dos cuestiones: esa capacidad de situarnos fuera de la realidad para ser absolutamente críticos con la actualidad y también su capacidad visionaria del futuro; para que algo sea real, primero debe ser imaginado.

Como especie, creo que nuestra responsabilidad es conservar la vid inteligente, el más preciado tesoro que tenemos; y, para eso, es necesario anticipar las amenazas que podrían ocasionar nuestra desaparición (meteoritos, pandemias, catástrofes naturales o interestelares…). Eso es previsión y, en parte, es ciencia ficción.

Y después, está el día a día, esos tremendos edificios, los coches, el metro, los teléfonos móviles, los vídeos de los astronautas desde la estación espacial, las imágenes del Hubble o de la Voyager… Me sorprende el funcionamiento de casi cualquier cosa y que seamos capaces de haber construido todo lo que está a nuestro alrededor con los materiales presentes en la Tierra, que a su vez fueron esparcidos por las explosiones de estrellas en supernova. El día a día, que se hayan dado todas las condiciones para nuestra existencia, que estemos aquí a la mañana siguiente, todo es un milagro, es ciencia ficción.

Hace años, tuve una pecera; me pregunto si todo esto lo ha montado alguien solo para observar cómo hacemos…

 

¿Qué obra o autor del género te ha marcado y cuál recomendarías a aquellos que comienzan a descubrir la ciencia ficción?

La obra que más me gusta es Soy leyenda, de Richard Matheson, por la crudeza con la que el protagonista, Robert Neville, se enfrenta a la existencia tras la destrucción de todo lo que conoce y por lo que transmite.

También me parece impresionante la novela de Philip K. Dick titulada ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? En este caso, por la puesta en escena, la historia y el ejercicio imaginativo.

 

Después de tres novelas, ¿cómo has cambiado? ¿Qué significa cada una de estas obras para ti?

A mí me gusta más Ideando libertad, pero algunos lectores me dicen que les gusta más La mínima verdad y otros apuestan por Sin alternativa.

En La mínima verdad, se plantea la paradoja de seres que viven separados por una cúpula de cristal, por total desconocimiento de la realidad. Nacemos libres y morimos libres, la seguridad es una ficción inexistente.

En Sin alternativa, se pone de manifiesto que la humanidad puede ser irresponsable, cortoplacista y no percatarse de que no hay que poner todos los huevos en la misma cesta. Nuestra responsabilidad es conservar la vida; ahí tenemos a Elon Musk, que quiere mandar gente a Marte.

Lo que es indudable es que cada vez te exiges más, las historias se hilvanan mejor y te metes más de lleno en los personajes. La planificación y preparación para afrontar cada novela aumenta a nivel de documentación, investigación y estudio. Es una profesión, un aprendizaje continuo.

 

¿Cuáles serán tus próximos proyectos tras Ideando libertad?

Ahora estoy profundizando en el miedo, en sus causas, orígenes, en los miedos universales. Hay un campo inmenso. Estoy leyendo novelas de terror para aprender bien las técnicas de los maestros del género, quiero encontrar algo realmente terrorífico. Me gustaría hacer una novela que dé miedo de verdad y que a la vez se sostenga dentro del campo de lo posible. Me pasa cuando veo que algo es demasiado fantasioso o enrevesado, que lo descarto por imposible, inviable, y pierdo el interés. Tengo que poder creerlo.

Como decía un profesor que tuve en la universidad, es “algo complejo, dinámico y elusivo”, pero me gustan los retos.

Muchas gracias por la entrevista.


  • Nombre: Luis Javier Pérez.
  • Género: ciencia ficción, distópica.
  • Bio: Luis J. Pérez (1978) es economista y escritor de novelas de ciencia ficción distópicas, futuristas y de aventuras. Nació en una familia humilde en A Coruña y, en la actualidad, reside en Madrid. Durante sus estudios en CC. Económicas y Empresariales, colaboró con la revista universitaria 4Gatos (1998-2001) y fue locutor en la emisora local CUAC FM. También inició su proyecto como director de la extinta revista de tirada mensual Voces (2000-2008), precursora de obras de autores noveles en la que frecuentemente colaboraba. Voraz lector de ciencia ficción, destaca entre sus títulos predilectos: Soy leyenda, de Richard Matheson, Sueñan los androides con ovejas eléctricas, de Philip K. Dick; Mercaderes del espacio, de Frederik Pohl; Las estrellas, mi destino, de Alfred Bester; y películas de culto como Matrix o Equilibrium.Desde 2009, compatibiliza su labor como economista con la de escritor independiente, y ha publicado tres novelas con notable difusión: La mínima verdad (2011), Sin alternativa (2014) e Ideando Libertad (2017).
  • Blog de autor: http://escienciaficcion.com/#autor

Libro: Ideando libertad

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