‘¡Oiga bien!’, libro de relatos de Martín Romanella Reseñas

Martín Romanella ha destacado en distintos festivales cinematográficos durante los últimos años, entre ellos, el Festival de Berlín, el Independent Film Project o el Festival de Rotterdam. Sin embargo, inmerso en su papel de director y guionista, parece que nada podía evitar su salto del cine a la literatura; era un paso lógico e incluso obligado. Ambas artes se complementan, se retroalimentan y comparten los mismos pilares. De esta manera, con su pasión por la escritura como bandera, Martín Romanella dio forma a ¡Oiga bien!, un libro de relatos profundos y trascendentales que le ha valido el sello Talento Caligrama y que, a su vez, ha servido como base para la pieza audiovisual Ciudades dormitorio.

¡Oiga bien! narra de manera concentrada, como una bomba a punto de explotar, pequeños instantes de unos personajes de los que no conocemos otra información que no sea su género o su edad. Sin nombres, sin aliento y sin esperanza, estos caracteres se dirigen con un colchón bajo el brazo hacia sus nuevos hogares: ciudades dormitorio que no parecen albergar vida más allá del sonido del televisor, de los ladridos de los perros o de unos pasos cansados ascendiendo por las escaleras. Sumidos en la tristeza de una existencia que perciben ajena, quedan relegados a un papel secundario, a ser meros observadores de su día a día en vez de alzar la voz y expresarse como les gustaría hacer. Así, nos movemos por los relatos de la mano de protagonistas atípicos que nos ceden su lugar para involucrarnos en la narración y colocarnos en el epicentro de sus emociones calladas y sus lamentos ahogados.

Todos y cada uno de los relatos escritos por Martín Romanella llevan su buen hacer como guionista, pues ha marcado las acciones, los giros y las atmósferas de manera excepcional. Las historias están perfectamente construidas sobre el acontecimiento principal, las ciudades dormitorio, hacia donde los personajes caminan directos y sin vacilación, y donde nosotros quedamos atrapados sin remedio. Como relatos, es decir, narraciones cortas que son, existe una armónica condensación de palabras, de sucesos, de sentimientos, etc. No obstante, esto solo es el principio, una satisfacción a nivel formal. Lo que caracteriza la obra de Martín Romanella en el fondo reside en su realismo, el cual, sumado a la carga dramática, nos engancha a las historias, convirtiéndose estas en una lectura adictiva que no acaba tras la última página.

Desde un entrañable y solitario anciano hasta unos empleados ciegos que trabajan en una fábrica de fideos, no hay ningún personaje que no queramos conocer y que no nos toque la fibra. En todos sus pedacitos de vida, hay un halo de tristeza, de nostalgia que alcanza lo más profundo de la existencia y, por eso, también rezuman ternura. Están marcados por un vacío y un anhelo: recuperar a alguien que ya no está, recibir el cariño de un padre, poder ver, descubrir el primer beso, detener el tiempo en un momento irrepetible… Y ese hueco nos oprime y nos hace empatizar con los personajes, que se presentan claros y firmes ante nuestros ojos, como si de verdad existieran. Se hace imposible no pensar en ellos, en estos individuos anónimos que podrían ser la señora que vive en el primero en el edificio de enfrente, el señor que come cada día en el bar de la esquina, el hijo del panadero…

Asimismo, el libro nos deja un sabor añejo a cuando nuestros padres y abuelos viajaban a la ciudad en busca de trabajo, construyéndose así esas ciudades dormitorios. Entonces, también los pensamientos y las reflexiones quedaban atrapados por las cuatro paredes de la casa, puesto que trabajar a destajo era lo que “tocaba” y no se podían permitir muchas licencias. Este pasado se repite como un posible futuro en ¡Oiga bien! Sin embargo, existe una diferencia sustancial: los tiempos pasados trajeron prosperidad, pero en estos relatos –situados en un hipotético futuro– predomina el desánimo, una constante y perpetua rendición. Los personajes son maniquíes dotados de pensamiento, pero sin un alma que les empuje hacia afuera del hondo y turbio mar en el que se están ahogando.

De esta manera, hallamos una crítica al conformismo, al espíritu desalentado que encontramos en la sociedad actual, cuya voz tampoco se escucha más allá de unas paredes blancas, opacas, sin matices. No se escucha porque nadie quiere escuchar. Ni siquiera nosotros mismos nos escuchamos y, en cambio, dejamos que nuestra voz se pierda.

Martin Romanella nos acerca a sus personajes para vernos a través de sus ojos, para mirarnos en un espejo donde la imagen real y la proyectada se solapan como presente y futuro de una misma realidad. Una vez empezada la lectura, ya no se puede dar marcha atrás.


  • Nombre: Martín Romanella.
  • Género: relatos cortos.
  • Bio: Martín Romanella (Buenos Aires, 1972) es guionista y director de cine. Estudió Cinematografía en la Universidad de Nueva York (NYU), Universidad de Buenos Aires, y es miembro activo desde el 2013 de la Directors Guild of America (DGA). Sus guiones –Candela (1998), Funeral Etiquette (2004), Bedroom City (2006), Duck Generation (2008), Keema (2010), I am Your Only (2014) y Spinner (2017)– han recibido premios de diversos festivales internacionales, como el de Berlín, Rotterdam, Independent Film Project (IFP), el LIA en Londres o el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA). ¡Oiga bien! es su primer libro de relatos publicado en formato digital y de papel.

Libro: ¡Oiga bien!

Etiquetas: