‘Nada y sus hermanos’, de David Rodríguez y Rafael Sanz Reseñas

David Rodríguez y Rafael Sanz siempre han estado ligados a las artes. Mientras que David ha transformado su pasión por la fotografía en su forma de vida, Rafael ha centrado su carrera en Bellas Artes y Arquitectura. No cabe duda de que estar en contacto con el arte les ha servido para desarrollar y hacer explotar una sensibilidad especial que ahora trasladan a la literatura con el cuento Nada y sus hermanos.

Publicar un libro implica dar con una mezcla imbatible de palabras e imágenes que inviten, como no podía ser de otra forma, a soñar. Sí, soñar, volar; porque un cuento debe ser algo más que aprendizaje puro y duro. El verdadero aprendizaje llega con la libertad para pensar, interpretar e imaginar. Toda moraleja se esconde detrás de una historia sólida que nos permite viajar a través de su mundo para ponerlo en conflicto con nuestro propio universo. Y ese recorrido no sería posible sin romper las barreras de la razón, de lo tangible.

El hermoso relato que los autores nos proponen en Nada y sus hermanos está contado, precisamente, a través de Nada, la hermana mayor de cinco niños muy peculiares. Este personaje es sin duda el más complejo, pues representa la parte contraria o, más bien, complementaria del resto de niños. Nada no puede existir sin los sueños porque estos son todo y nada a la vez: todo, pues no se puede vivir sin soñar; nada, cuando las limitaciones nos impiden alcanzarlos.

Nuestra protagonista une a todos sus hermanos. Nos cuenta, en primer lugar, cómo es Uhala, la más pequeña, una nube que crece con el calor y encoje con el frío, y cuya caricia es tan suave como el cosquilleo de las algas del mar. Uhala puede consolar y cambiar el mal humor de los que le rodean, y darles todo lo que necesitan con una sola mirada porque sus ojos esconden un océano infinito, tan eterno como aquello que la niña representa: el alma y el amor.

Después de Uhala, Nada continúa con Vadale, un niño con alas que está empezando a quitarse el temor a levantar el vuelo. Vadale es la imagen de los hijos preparándose para salir del nido paternal. Con él aprendemos que la vida es levantarse, caerse y volver a levantarse. Debemos desplegar las alas siempre e inundar el corazón con nuevas ideas y esperanzas para crear camino donde no lo hay, para ver mucho más allá. Poseer alas te lleva más lejos, aunque esto no sería posible sin la gente que te rodea, que te anima a volar cuando es necesario, pero también te devuelve a la tierra para que no pierdas tu propia esencia.

El tercer hermano que nos describe es Matoro, un niño cabezón física y figuradamente, aunque su característica fundamental reside en la curiosidad que siente por todo. Matoro se personifica como la perseverancia, la invitación a los niños para dejar la pereza a un lado y explorar el mundo. Así es como se crece, viajando de aventura en aventura, conociendo, poniendo un pie detrás de otro.

Después de él, descubrimos a Anare, una niña muy sensitiva a la que sus brazos le han crecido más de lo normal. Anare juega con unas cajas que son como el bolso de Mary Poppins: no tienen fondo, son infinitas y en ellas se puede guardar cualquier cosa; funcionan como los recuerdos. A todos nos encantaría tenerlas para guardar de manera permanente nuestras vivencias y poder recuperarlas siempre que se nos antoje. En cambio, nuestra única caja es la caprichosa memoria, un rincón de nuestra existencia al que a veces podemos acudir, pero nunca volverá a materializarse. Por ello, Anare nos enseña a disfrutar de lo que uno hace.

Y en último lugar, se encuentran los progenitores. El padre es piloto de aviones, el cielo mismo. La madre le espera en suelo firme, es la tierra. Entre el cielo y la tierra, fluye lo etéreo, los anhelos frente a la realidad; hay un espacio infinito para imaginar y soñar, para los milagros. Al contrario que sus hijos, ellos dos no poseen cualidades especiales por su madurez, porque en su figura adulta cae la responsabilidad de enseñar a los hijos. El padre siempre les invita a imaginar; la madre está ahí, permanece firme en el fondo del relato como el centro de gravedad que ata a todos: el hogar.

David Rodríguez y Rafael Sanz complementan la tierna historia de Nada y sus hermanos con recortables de estos inolvidables personajes para que los niños interactúen y participen. Además, incluye cómodas y sencillas instrucciones para que puedan montarlos de manera activa con los padres. Es un cuento perfecto para estimular la imaginación, para entretener y poner una semilla de reflexión en los más jóvenes, un granito de arena que les ayude a comprender el mundo, pero, sobre todo, a soñar y a recordar siempre que “todo se derrumba menos el amor”.


  • Nombre: David Rodríguez Sánchez y Rafael Sanz Martín.
  • Género: cuento.
  • Sinopsis: ¿Cómo llamar a alguien que a la vez existe, pero no existe? Nada y sus cuatro hermanos aprenden y superan miedos, y nos lo cuentan en sus historias: Uhala, que crece o empequeñece con el calor o con el frío; Vadale, que cuando habla puede formar huracanes; Matoro, un auténtico centinela de los sueños; y Anare, que toca hasta los sonidos. Todos ellos te ayudarán a realizar un viaje emocionante por la imaginación.
  • Página web: David Rodríguez, http://www.avilafotoservicios.com/. Rafael Sanz, http://papeltropia.com/

Libro: Nada y sus hermanos

Nada y sus hermanos

Disponible en:
Etiquetas: