Reseña ‘Sumalee. Historias de Trakaul’, de Javier Salazar Calle Reseñas

Después de adentrarse en el ámbito empresarial con Usa LinkedIn como si fueras un experto, Javier Salazar retoma la novela con Sumalee. Historias de Trakaul. David, el protagonista de este fascinante relato, está harto de su rutina. No soporta su mecánico trabajo, no encuentra emociones nuevas y ha descubierto que su novia de la universidad le ha sido infiel durante meses. En resumen, odia su vida. Cuando cree que nada podrá hacerle salir de ese bucle de asco y autocompasión, su jefe le ofrece un nuevo cargo en Singapur. Cambio de país, mucho dinero y giro de 180º: David acepta sin meditarlo demasiado. Y allí, junto a antiguos compañeros de trabajo y enamorado de una tailandesa espectacular, empieza a ver luz en su vida. No obstante, este cambio radical traerá consigo una serie de desgracias que harán que David desee volver a su anodina vida anterior.

Sumalee. Historias de Trakaul está dividida en tres partes. En primer lugar, asistimos al nacimiento de la historia de amor entre David y Sumalee en Singapur, a una nueva vida donde todo es como un producto de la Teletienda: perfecto en apariencia y, a su vez, un vil engaño, un espejismo. Percibimos los olores de la ciudad, casi los sabores también. Por ejemplo, nos da el mismo reparo que al protagonista la sola idea de tomar una sopa de ranas. Todos estos detalles denotan el inmenso trabajo de documentación del autor, que nos hace viajar sin levantarnos del sofá. A veces, se pierden por el camino las descripciones y no nos damos cuenta del profundo valor que tienen. Las descripciones lo son todo, nos lo cuentan todo. Se convierten en las mejores amigas de la imaginación, pues a ellas se les suma nuestra propia percepción de lo que estamos leyendo. Por ello, se agradecen los maravillosos retratos de la isla y de los barrios que contrastan y apoyan la trama que se está desencadenando.

En segundo lugar, Javier Salazar nos presenta una historia en la cárcel de Tailandia, con la cual da inicio el libro. Estos capítulos nos acercan a películas como El laberinto rojo o Sueños rotos. En ellas, los protagonistas son extranjeros que se ven envueltos en sórdidas situaciones. Al igual que en estas películas, el protagonista de Sumalee. Historias de Trakaul se tendrá que enfrentar a las violentas y repugnantes situaciones de dentro de la prisión, así como a la crueldad de unas leyes que parecen indiferentes ante cualquier falta de humanidad. Impresiona la dureza de las cárceles, donde el maltrato y las vejaciones suceden constantemente sin que ninguna figura de la ley interceda. Unas paredes que encierran todo tipo de oscuridad en la que los derechos humanos parecen apagarse por completo.

En todas estas historias situadas en Tailandia, cautiva realmente la profunda contradicción que se esconde en la cada esquina del país. Frente a esas playas de ensoñación donde la arena deslumbra con su nívea tez, donde se respira una profunda riqueza espiritual, se halla la asfixia de sus gentes, el engañabobos de las apuestas y también la inmoralidad transformada en prostitución, drogas y cárceles sanguinarias, como decíamos.

Y en tercer y último lugar, se expande ante nuestros ojos una tercera parte que aún está más pegada al cine que la anterior. Al final, el relato acaba dando un giro inesperado propio de una película de mafias donde un mindundi opta a candidato a héroe o, más bien, antihéroe guiado por el amor y la venganza. De hecho, la última escena del libro se puede visualizar como un primer plano del protagonista con voz en off dejando la miel en los labios para una continuación.

La novela sigue el esquema de avance y vuelta al pasado, de ascenso y caída. Combina los tiempos con soltura produciendo una evolución simétrica entre ambos en lo que ha suspense se refiere. Cada una de las partes mantiene el interés por igual, por lo que el relato es fácil de seguir. En apariencia, Sumalee. Historias de Trakaul parece solo una historia de amor, pero el autor se las arregla con gran habilidad para dosificar la información y que la historia se convierta en algo más apasionante.

La obra en sí es una prueba más de la versatilidad del Javier Salazar, que consigue un cambio de registro y de temas adictivo. Su primer libro, Ndura. Hijo de la selva es una novela de aventuras en la que también está presente la supervivencia en un entorno hostil y el descenso a los instintos y la psicología desgastada, ya al borde de la locura. En cambio, nada tiene que ver con esta nueva historia. Hay un vuelco en el registro, un afán por quererse superar que, sin duda, ha conseguido de la mano de David y Sumalee.

 


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